El mundo cristiano, conmemora en estas fechas la pasión de Jesús, que murió en la cruz para salvar al mundo de sus pecados. Siempre he tenido la sensación, que la mayoría interpreta este hecho como un acto de purificación espontanea del alma de cada uno de nosotros, como si el sufrimiento que el padeció, fuera simplemente una penitencia pagada para librarnos a todos del "castigo" que debiéramos sufrir por nuestros pecados. Yo no comparto esa interpretación. Creo que Jesús murio en la cruz debido al sendero de amor, verdad y justicia que fue su vida, hasta el final, hasta las ultimas consecuencias, hasta la muerte; y si su muerte ha de salvarnos de nuestros pecados, es por que nos mostró el camino que debíamos seguir, y nos demostró, que aun siendo humano, aun siendo imperfecto, aun siendo carne, era posible de seguir.
En especial en estas fechas, y en especial en estos tiempos, este mensaje cobra una importancia tremenda. Por que vivimos en una sociedad en crisis de conciencia, que afecta a la mayoría de las instituciones, y especialmente a nosotros como iglesia, desde la perspectiva de que quienes la formamos somos principalmente los laicos. Crisis en que por falta de atención, debilidad, mera inconsecuencia, o falta de conciencia, decimos una cosa y hacemos otra, nos decimos sociales pero no lo somos, nos decimos cristianos, pero no lo somos. (
Video "La Atención" - Krishnamurti)
Amor, Verdad y Justicia. En el mundo actual, en la sociedad de consumo y en el libre mercado, es mas fácil adaptarse que seguir estos principios hasta las ultimas consecuencias (¿hasta la muerte?). Hoy en dia, seguir a Cristo, es realmente una opcion anti-sistema, su mensaje llama a ser un actor revolucionario socialmente. Si todos vivieramos como Jesus, si todos siguieramos sus enseñanzas, no existirian instituciones como las Isapres, la bolsa de valores, ni Jumbo ni Lider, ni el libre mercado en general.
Pero como dije antes, es mas facil adaptarse, hablar de compasion en vez de amor, de caridad en vez de justicia, y pretender que significan lo mismo. La jerarquia eclesiastica puede tener una gran cuota de responsabilidad, ya que a lo largo de los siglos cedio al poder y el capital, menguando y deformando el mensaje primigenio con el fin de aumentar su "llegada", pero somos nosotros quienes definimos el mundo el que vivimos, los que con nuestra pasividad y complacencia permitimos que ocurran los horrores de la iniquidad.
Es verdad que no todos tenemos el mismo grado de responsabilidad. Si hay magnates que lucran con la enfermedad o el dolor, también hay personas que viven bajo un voto de pobreza que los lleva a tratar de vivir como Cristo y existen comunidades enteras se hacen uno con el sufrimiento de los mas pobres (como la Marianista). Pero la mayoría estamos entre medio, en una nebulosa ética que vuelve imperativo asumir esta crisis de conciencia en forma directa y veraz, y aun no lo hemos hecho. Si nos cuesta digerir al Papa en la misa de Resurrección dando un mensaje de caridad y amor al prójimo, tras un altar cubierto de oro; si nos da rabia ver a los sacerdotes de tv, mas interesados en limpiar el nombre de la institución enlodado por graves abusos sexuales cometidos por miembros del clero que hablar de un sistema corrupto desde sus bases; también nos debiera, al menos, costar digerir a Sebastian Piñera hablando de justicia social y equidad, desde un podio financiado por el dinero y riqueza que ha tomado del trabajo, sudor y sangre de tanta gente. Pero no solo guardamos silencio, ademas lo elegimos presidente. La mayoría de nosotros no reflexiona mucho sobre estas dicotomías.
En especial en estos tiempos, el llamado es así a cuestionarnos el camino que seguimos y hacia donde nos lleva, cultivando la atención entre nuestras creencias y nuestros actos, de la misma forma que en estas fechas, si pertenecemos a algún credo cristiano, debiéramos cuestionarnos si aplicamos en el día a día las enseñanzas de Jesús, o si al menos, aspiramos e intentamos de verdad seguir su ejemplo de alguna forma. Al final de cuentas, si no somos capaces de vivir con conciencia y consecuencia, difícilmente algún día podremos aspirar a vivir en un mundo mejor.